11 de Febrero 2026 | Medellín, Antioquia | Cristin Serrano, Periodismo UCN.
En medio de las inundaciones provocadas por el frente frío que afecta al Caribe colombiano y al Urabá antioqueño, la Iglesia Adventista del Séptimo Día responde con acciones concretas de servicio, rescate y esperanza a través de la Corporación Rescate GARSA Medellín.
Las intensas lluvias registradas en los últimos días en el Urabá antioqueño han dejado comunidades incomunicadas, ríos desbordados y familias en alto riesgo. Frente a esta realidad, la Iglesia Adventista del Séptimo Día ha activado su red de respuesta humanitaria mediante ADRA, GARSA, Administraciones de asociaciones, Clubes juveniles y miembros en general, brindando apoyo directo a las comunidades más afectadas.
Uno de los operativos más significativos se desarrolló el 6 de febrero en horas de la noche en las veredas Algodón Arriba, Algodón Abajo e Islitas, jurisdicción del municipio de Necoclí, donde un equipo de GARSA Medellín participó en el rescate de una madre y sus dos hijos —uno de ellos un bebé de apenas ocho meses— quienes habían quedado atrapados al otro lado de un río crecido, con serias complicaciones de salud.

Voluntarios de GARSA acompañan a la madre y sus hijos tras el exitoso rescate en la vereda Algodón Arriba, en Necoclí. La operación se realizó en horas de la noche, en medio de condiciones climáticas adversas.
Una decisión coordinada en medio de la emergencia
De acuerdo con Johan Esteban Castañeda, coordinador de formación y entrenamiento de GARSA y encargado del operativo, la misión inicial del equipo era entregar ayudas humanitarias y evaluar la condición de un adolescente de 15 años en la vereda Algodón Abajo. Sin embargo, durante el recorrido recibieron información sobre una familia en estado crítico en Algodón Arriba.
“Cuando supimos que se trataba de una mamá con dos niños, uno de ellos un bebé con posible neumonía, entendimos que la prioridad debía cambiar. Era una situación muy delicada”, explicó Castañeda.

Con equipos al hombro y atravesando caminos de herradura cubiertos de lodo, voluntarios de GARSA recorrieron más de dos horas para llegar hasta la familia atrapada por la creciente del río.
Durante todo el proceso, el equipo mantuvo comunicación intermitente con José Sepúlveda, jefe operativo de GARSA, quien desde el puesto de coordinación evaluaba la información que el grupo lograba enviar cada vez que encontraba señal telefónica.
“Cada decisión fue consultada. José estuvo en contacto permanente mientras tuvimos señal y fue quien aprobó que procediéramos con la evaluación y luego con el rescate”, señaló Castañeda.
Un camino difícil y un rescate nocturno
Tras dejar ayudas humanitarias en la vereda Islitas, donde funciona una iglesia adventista local, el equipo continuó su desplazamiento. Debido al mal estado de las vías, los vehículos no pudieron avanzar más allá de cierto punto, por lo que los rescatistas debieron continuar a pie por caminos de herradura completamente cubiertos de lodo.
Con equipos de rescate, cuerdas y botiquines al hombro, caminaron durante más de dos horas, enfrentando la oscuridad, el cansancio y un terreno extremadamente inestable. En algunos tramos, la comunidad prestó animales para ayudar a transportar parte del equipo.
Al llegar al lugar, el principal obstáculo fue un río desbordado de aproximadamente 60 metros de ancho, cuyo único paso era una guaya improvisada instalada por los habitantes de la zona.
Fe, técnica y valentía
Antes de iniciar el procedimiento, el equipo se reunió para orar y encomendar el rescate a Dios. Con recursos limitados, se diseñó un sistema improvisado de cruce utilizando cuerdas y arneses.
El equipo técnico de GARSA instala un sistema improvisado de rescate con cuerdas y hacen una oración antes de iniciar el cruce nocturno sobre el río desbordado.
Kevin Bedoya, psicólogo y socorrista de GARSA, fue quien cruzó primero hasta el otro extremo del río.
“Había miedo, cansancio y mucha presión, pero sabíamos que no podíamos dejarlos allí. Se volvió nuestra prioridad y sí o sí teníamos que hacerlo”, relató Bedoya.
Desde el otro lado, Kevin ayudó a asegurar a la madre y al bebé, quienes fueron los primeros en cruzar, seguidos luego por el niño de ocho años. Todo el procedimiento se realizó en completa oscuridad, iluminados únicamente por linternas.
Suspendida de un arnés y guiada por un sistema de cuerdas, la madre y su bebé cruzan el río crecido. La operación se realizó bajo estrictas medidas de seguridad.
El apoyo de la comunidad y un gesto solidario
Tras el rescate, la comunidad recibió a los voluntarios con aplausos y palabras de gratitud. Aunque les ofrecieron alimentos, los rescatistas optaron por continuar rápidamente con la evacuación debido a la hora y al estado de salud de los niños.
En ese momento, un ciudadano del sector, que había sido contactado previamente, llegó en una cuatrimoto para apoyar el traslado. Gracias a este gesto solidario, fue posible movilizar a la madre y a sus hijos de manera más rápida y segura hasta el punto donde los esperaban los demás organismos de socorro.
“Ese apoyo fue clave para ganar tiempo y asegurar que los niños recibieran atención médica lo antes posible”, explicó Castañeda.
Al llegar al punto de encuentro, José Sepúlveda ya se encontraba en el lugar junto con personal de bomberos y defensa civil, recibiendo a la familia y al equipo de rescate.

Rescatistas de GARSA, junto a organismos de socorro y apoyo comunitario, quienes coordinaron el traslado de la familia. Un ciudadano del sector facilitó una cuatrimoto para agilizar la evacuación.
Servicio que nace de la misión
Para Jair Flórez Guzmán,Director de ADRA y fundador de la Corporación Rescate GARSA, este tipo de acciones reflejan la esencia del ministerio de rescate adventista.
“Nuestros voluntarios se forman de manera integral, tanto en lo técnico como en la gestión del riesgo. Pero el motor que los mueve es el servicio desinteresado”, afirmó.
Flórez destacó que GARSA cuenta con voluntarios altamente capacitados, reconocidos incluso a nivel internacional, pero subrayó que el mayor propósito es llevar esperanza.
“Si en el último instante de la vida de una persona podemos decirle ‘Dios te ama’, entonces todo valió la pena. Esa voz de esperanza marca la diferencia”, expresó.
La Iglesia presente en medio del dolor
Actualmente, GARSA Medellín cuenta con 61 voluntarios, de los cuales cinco participaron directamente en este rescate. Su labor hace parte de una respuesta integral de la Iglesia Adventista del Séptimo Día ante la emergencia, reafirmando su compromiso con el servicio, la solidaridad y la misión cristiana.
En medio de la adversidad, la Iglesia continúa siendo un instrumento de Dios para llevar alivio, fe y esperanza a quienes más lo necesitan.












